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¿Volver a volar con Ryanair?

Durante muchos años, mi último gesto antes de entrar en un avión de Ryanair era abrir la maleta y meter mi bolso de mano dentro.

Así, con todo apretujado y la cremallera a punto de explotar, mi maleta pasaba el control de embarque, donde las azafatas parecían miembros de la Gestapo ávidas por descubrir pasajeros incumpliendo las reglas de la compañía.

Lo de dejar una pieza de equipaje por persona era solo una de las estrictas normas que imponía Ryanair hasta hace un año…

Algunas de las normas más estrictas..!

También había que llevar impresa la tarjeta de embarque – he visto llorar a gente en el aeropuerto por olvidarla y tener que pagar 60 euros-; no pasarse ni un gramo con el peso de la maleta -10 kilos-; llevar el equipaje de unas medidas determinadas para que entrara en un armazón instalado en la puerta del avión si no, había que facturarlo y pagar 50 euros adicionales; y aguantar una fanfarria de trompetas al aterrizar.

Durante mucho tiempo vuelo entre 10 y 15 veces al año con la compañía irlandesa, he maldecido todas estas normas y también el estilo y la cultura de la compañía, dirigida por Michael O’Leary.

La odisea de volar con Ryanair empezaba al comprar los billetes en una web caótica y llena de trampas. Era fácil acabar comprando, sin querer, un seguro de viaje que no necesitabas o un extra que no querías.

Luego estaba llegar al aeropuerto con esa sensación de que seguro que habías hecho algo mal que te iba a costar dinero. Y por último, debías estar preparado para la batalla campal dentro del avión, ya que los asientos no estaban asignados. En varias ocasiones no pude volar con mi marido y mis tres hijos juntos, ni siquiera comprando la tarjeta para tener prioridad en el embarque -otros 10 euros por persona-.

Las familias nunca nos sentimos bienvenidas en Ryanair

Frente a easyJet, por ejemplo, que da prioridad en el embarque a los menores. Tampoco los directivos se han sentido nunca cómodos en esta aerolínea. Siempre han preferido Vueling o easyJet, donde todo era más civilizado y podían reservar las primeras filas del avión para salir sin perder tiempo.

Sí. Durante años fui muy crítica con Ryanair, a pesar de que seguía volando con ellos. Si viajas a Madrid o Barcelona, puedes elegir. Si lo haces a Zaragoza o Almeria, lo tienes más complicado. En un intento de boicotear a la aerolínea, intentamos buscar rutas alternativas. Pero lo que para una persona es fácil, se convertía en una odisea viajando con tres niños pequeños, carrito y maletas. La aventura de combinar aviones y trenes era peor que aguantar el maltrato de los irlandeses. Y más cara.

Habiendo volado muchas veces con ellos y hablado con decenas de pasajeros cabreados llegué incluso a escribir un artículo: “15 razones para no volar en Ryanair y una para hacerlo”. Esta única razón era que sólo ellos llegan a destinos a los que nadie más vuela.

Pero de pronto en 2013, los pasajeros dijeron basta

Y dieron la espalda a Ryanair. La compañía perdió clientes y tuvo que anunciar dos profit warnings seguidos -menores beneficios de lo esperado-. Cundió el pánico y alguien decidió que tratar al cliente como si fuera el enemigo no era rentable. Ryanair cambió y lanzó una operación que se resume en una declaración gloriosa de O’Leary: “No fastidiar innecesariamente a los pasajeros”.

El resultado, año y medio después, es espectacular. Crecimiento de un 66% del beneficio, 91 millones de pasajeros, aviones llenos al 88% de su capacidad y una nueva imagen de aerolínea, que empieza a verse como más justa y amable. Todo, sin incrementar los costes, lo que demuestra que tener un buen servicio no es más caro. Ryanair no es perfecta y tiene mucho que mejorar, pero su acto de contricción parece sincero. ¿Llegaremos a quererla?

Principales cambios que han obrado el milagro

Dos bolsas: Clave para hacer más cómodo el viaje. Ahora, cada pasajero puede entrar en el avión con una maleta y un segundo bulto, como una mochila pequeña o un bolso de mano.

Precios menos abusivos: Si un pasajero olvida imprimir la tarjeta de embarque y ha realizado el checking online, se le cobrarán 15 euros en el aeropuerto (frente a 60 antes). También baja de 60 a 30 euros el precio por cada maleta grande facturada.

Asignación de asiento: Sin duda, el mayor avance del cambio de Ryanair. El pasajero sabe de antemano qué asiento le corresponde. Si paga 15 euros más puede elegir la primera fila, lo que resulta muy útil para el viajero de negocios.

Web mejorada: Comprar el billete es más fácil. Casi no hay trampas (aunque todavía hay que rebuscar para quitar el seguro de viaje). La compañía ha anunciado que prepara mejoras para hacerla más intuitiva y rápida.

Aeropuertos principales: Ryanair tiene más frecuencias y empieza a volar a grandes aeropuertos. Estas medidas atraen al viajero de negocios.

24 horas de gracia: El pasajero puede corregir errores en el nombre o fecha de nacimiento hasta 24 horas antes del vuelo. Antes, enmendar estas erratas costaba más de 100 euros.

Twitter: La compañía responde a las dudas de sus clientes a través de Twitter y acepta sugerencias en la web.

O’Leary, mejor callado: El consejero delegado está en un segundo plano y groserías como ésta han desaparecido. “A los pasajeros que se olvidan de imprimir su tarjeta de embarque solo podemos decirles: creemos que debemos cobrarle 60 euros por ser tan estúpido”.

Causa mayor: Tras sonados escándalos, Ryanair se compromete a devolver el importe del viaje en caso de fallecimiento de familiares o enfermedad del pasajero. Antes no lo hacía.

Se acabaron las trompetas: El vuelo es más agradable tras quitar parte de los anuncios y las trompetas al aterrizar. Mis hijos siguen preguntando por ellas: son los únicos que las echan de menos.

Fuente: Expansion


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