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Competidor europeo de GPS, Sistema Galileo

El Proyecto Galileo, sistema europeo de navegación global, no estará completamente operativo hasta el año 2020.

Está financiado con fondos públicos y pretende superar al sistema GPS americano en cuanto a precisión de posicionamiento. Cuando entre en funcionamiento, el margen de error de los navegadores GPS será mucho menor.

El Proyecto Galileo es la evolución de una práctica inherente al hombre a lo largo de miles de años: mirar a las estrellas para determinar su posición en la Tierra. Ya en los albores del siglo XX todavía se utilizaban aparatos como el astrolabio; pero la invención, primero de la radio y luego del radar, durante la Segunda Guerra Mundial lo cambiaron todo. Las tecnologías de la información abrieron la posibilidad de conocer en tiempo real la posición de un objeto en cualquier punto del planeta.

Tras más de una década de uso comercial del sistema GPS, el Sistema Galileo ha recibido el último y decisivo impulso con el lanzamiento de los dos primeros satélites el pasado viernes. No obstante, el Proyecto Galileo, que permitirá a los navegadores GPS ofrecer un posicionamiento más preciso, no estará plenamente operativo hasta 2020.

El sistema de navegación europeo Galileo

Pretende garantizar la independencia del Viejo Continente en la navegación por satélite (actualmente se usa el sistema de posicionamiento estadounidense GPS y el ruso GLONASS) y mejorar su posicionamiento. Numerosos problemas han retrasado la puesta en funcionamiento del Proyecto Galileo. El próximo año se lanzarán dos nuevos satélites que, juntos a los lanzados la pasada semana, permitirán poner a prueba el diseño del sistema de navegación europeo.

Posteriormente se enviarán los otros 26 restantes. Pese a esto, está previsto que Galileo, sistema del que dependerán los futuros navegadores GPS, entre en funcionamiento al servicio del ciudadano en 2014 con una red inicial de 18 satélites.

En juego está algo más que el prestigio de Europa, su independencia comercial de China y Estados Unidos, que utilizarán su propio sistema de navegación global y la evolución del GPS, respectivamente.

Que el comercio aéreo, marítimo y por carretera dentro de la Unión dependa de una tecnología al servicio del ejército de los Estados Unidos y esté controlada por él no es la única razón para la enorme inversión que requiere el Proyecto Galileo: los miles de millones de euros que harán falta para culminar el sistema europeo de navegación global representan muy poco dentro del gigantesco presupuesto de la Unión Europea. Además, las autoridades recuerdan que esta cantidad es, más o menos, lo mismo que cuesta construir unos kilómetros de autopista.

El pago por el uso, la clave de las aplicaciones

Los beneficios económicos que Europa espera obtener de la explotación del Proyecto Galileo rondan los 400.000 millones de euros al año. Además, se generarán hasta 150.000 puestos de trabajo directos. Por otro lado, está previsto que Galileo juegue un papel clave en el aumento futuro de la demanda de infraestructuras que causará el mayor parque de vehículos en Europa.

Este papel reside en la precisión de posicionamiento que proporcionará el sistema europeo de navegación: será el único que otorgará el valor de certificación a la posición, con un margen de error de unos centímetros. Las aplicaciones que se desarrollarán están, en primer lugar, destinadas a la gestión de las grandes flotas del transporte de mercancías. Así, Galileo debería permitir a los Estados ahorrarse el enorme gasto que representa el actual sistema de gestión, basado en la instalación de pórticos cada pocos metros.

Pero el Proyecto Galileo también representará una revolución para los usuarios particulares: la clave estará, nuevamente, en la posibilidad de pagar por el uso de las infraestructuras o servicios.

En esta línea se están desarrollando aplicaciones para, por ejemplo, pagar según la distancia recorrida en un taxi o en un coche de alquiler, para aplicar nuevos sistemas de tarificación en las pólizas de seguros de los coches, para la reconstrucción de accidentes… Es posible que alguna de estas aplicaciones no se lleve a cabo e incluso que Galileo sea todavía mucho más importante en los próximos años. Lo que está claro es que el Proyecto Galileo será fundamental en el funcionamiento de los futuros navegadores GPS, a los que proporcionará mayor precisión de posicionamiento.

Servicios especiales

Servicios comerciales: a cambio del pago de un canon, los usuarios dispondrán de medidas mucho más precisas, con un margen de centímetros.

Servicio público regulado: se trata de una señal encriptada, que será utilizada por la policía, servicios de emergencia y, en determinados casos, también por los servicios militares. Permite bloquear el acceso a todos los usuarios, salvo a las agencias gubernamentales.

Servicio de búsqueda y salvamento: esta opción, exclusiva de Galileo, brindará importantes mejoras como la localización precisa de alertas (con pocos metros de margen, en lugar de los cinco kilómetros actuales) o la detección por múltiples satélites para evitar el bloqueo en condiciones de poca visibilidad.

Los competidores de Galileo

Cohete ruso Soyuz, modelo que se usará para lanzar satélites para Galileo (cc). A bordo de un cohete ruso Soyuz cargado con dos satélites, la Agencia Espacial Europea (ESA) alumbró hoy el sistema de navegación Galileo, un ambicioso proyecto aeroespacial de uso civil que a partir de 2014 empezará a competir con el estadounidense GPS, de concepción militar.

La nave Soyuz, la primera en la historia en despegar desde la Guayana francesa, colocó los satélites, de 700 kilos cada uno, en una órbita de 23.000 metros de altitud.

La carrera por poner en marcha el Proyecto Galileo tiene otro motivo fundamental: si se demora un poco más, se quedará sin mercado. Sus dos principales competidores en el siglo XXI serán el sistema GPS2 norteamericano -evolución del actual y Beidou, nombre que los chinos dan a la Osa Mayor y con el que han bautizado su sistema global de posicionamiento.

El primero promete las mismas capacidades del Galileo, mientras que el segundo debería tener plenamente operativos todos sus satélites (alrededor de 30) en 2020.


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