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Formación de burbujas económicas

La historia cuenta que la primera burbuja económica más conocida la provocaron los tulipanes en Holanda, en el siglo XVIII, aunque en la historia hemos vivido algunas burbujas muy extrañas que arruinaron a países como Francia.

Este concepto de burbuja, como lo conocemos en la actualidad, se aplica inicialmente a la economía británica en el año 1720, el parlamento Británico aprobó la Bubble Act, para prohibir practicas financieras irresponsables

Una de las primeras burbujas económicas en Europa fue gracias a unas plantas muy conocidas en Holanda “Los tulipanes” que llegaron a ese país en 1559, procedentes de Turquía. Lo que ocurrió fue que, por causa del llamado potyvirus del tulipán, las variedades holandesas de esta planta crecieron con formas extravagantes y multicolores, lo que las convirtió en objetos muy valiosos, a principios del siglo XVII los precios de esta flor comenzaron a subir de forma astronómica, un bulbo podía costar los mil florines, para que os hagáis a la idea el sueldo medio de una persona en los países bajos no superaba los 150 florines.

Se realizaron ventas totalmente absurdas, en las que llegaron a cambiarse lujosas mansiones por una sola flor, o de personas que invirtieron una fortuna en cosechas que aún ni siquiera habían germinado.

Esta locura duro prácticamente hasta el año 1637, a partir de ahí los lotes de flores que salieron al mercado no encontraron compradores, y los precios comenzaron a caer drásticamente. La gente que se había hipotecado contando con los beneficios de futuras cosechas se asustó y trató de vender sus pagarés a cualquier precio. Pero el pánico ya se había desatado y los tulipanes se convirtieron en sinónimo de quiebra.

Otra burbuja económica muy conocida, fue la ocurrida a partir del año 1.717, el director de la Compañía de los Mares del Sur, quien, a cambio de comprarle al Tesoro británico bonos por valor de diez millones de libras, consiguió que la Corona le concediera el monopolio del tráfico de esclavos con las colonias españolas de América, las operaciones comerciales en territorio americano no dieron los beneficios esperados, pero el empresario propagó a los cuatro vientos que la compañía marchaba viento en popa y, para respaldar su afirmación, en 1720 gastó otros diez millones de libras en comprar más bonos del Tesoro.

Este gesto atrajo a los inversores, con lo que consiguió que la cotización de las acciones pasara de las 120 libras que valían en enero de ese mismo año hasta las 1.000 que llegaron a costar en agosto. En 1721, el fraude quedó al descubierto: una inspección demostró que las operaciones comerciales de la compañía eran prácticamente inexistentes, y el precio de las acciones se desplomó y provocó pérdidas económicas a centenares de ciudadanos, el escándalo fue tan grande, que el Parlamento tuvo que dimitir en pleno.

Cada nuevo descubrimiento o innovación tecnológica parece generar una nueva burbuja. En 1840 en Reino Unido con la llamada fiebre de los ferrocarriles. La aparición de las primeras líneas ferroviarias se convirtió en un próspero negocio, y sus acciones cotizaban al alza en la Bolsa. El furor hizo que surgieran otras muchas que, a diferencia de las originales, no tenían la solvencia ni las infraestructuras necesarias.

Cuando algunos inversores descubrieron que muchas de estas compañías en vez de un negocio real estaban construyendo castillos en el aire, retiraron sus inversiones del mercado de los ferrocarriles: provocaron el desmoronamiento financiero del sector y la ruina de quienes no estuvieron atentos para vender a tiempo. Una hecatombe, aunque poca cosa comparada con lo que sucedió mucho después en la Nueva York de 1929, dicha fecha simboliza en la mente de todos el crack económico y bursátil por excelencia, hasta el punto de que cada nueva crisis es comparada con ella.

Pero no hace tanto en 1995, un bróker fundo en Canadá una pequeña compañía minera, tuvo también la ocurrencia de inventarse, en complicidad con un geólogo, el descubrimiento en Indonesia de un yacimiento que tenia miles de toneladas de oro, el equivalente al 8% de las reservas mundiales del metal. Nadie se tomó las molestias de comprobar si el hallazgo era cierto, pero el caso es que el valor de la empresa subió hasta los seis mil millones de dólares. La euforia atrajo a todo tipo de inversores, en 1997 se destapó el fraude, investigaciones posteriores demostraron que en aquel yacimiento no había oro, y las acciones de la compañía se desplomaron un 97%, fue el fin de otra burbuja…


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